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domingo, 2 de febrero de 2014

En un vaso de cristal

Un suspiro, un escalofrío. Un momento de debilidad.
Oyes la cerradura de la puerta.
Tu corazón late más deprisa.
Tienes miedo. Él está aquí y todo vuelve a empezar.
Escondes tu miedo detrás de una sonrisa.
Y lo ves llegar.
Dos sentimientos encontrados.

Recuerdas como era todo al comienzo, una vez más.
A fin de cuentas, es lo único que tienes para quedarte.
Tú eras joven e ingenua.
Él te conquistó desde el primer momento.
Te regaló mil promesas.
Te hizo sentir especial, querida como nunca antes.
Le amabas, le amabas tanto que hasta dolía.
Pero, ¿qué más daba?
Eso era lo que estabas esperando, era él.
Toda la vida habías imaginado como sería.
Y al fin, lo tenías enfrente.
Parecía que te habían estado educando para ese momento.
Habías puesto todos tus empeños en ser bonita, especial.
Habías aprendido cómo debías ser.
Cómo te marcaban que debías ser.
Y cuando él llegó pensaste que había valido la pena.

Le regalaste tu vida sin pensarlo.
A partir de ese momento, tu prioridad era él
Te llegaste a olvidar de ti misma.
Él iba primero.
Dejaste de trabajar y te dedicaste a ver la vida pasar.
Esperándole en casa.
Eso era lo que se esperaba de ti.
Le recibías con todo tu amor y una sonrisa.

Pero un día no fue suficiente.
Dejaste de ser una niña y él dejó de regalarte promesas.
Dejó de regalarte amor.
Dió por hecho que tu amor era incondicional
Que no debía de mantenerlo.
Porque ya lo tenía.
Te tenía.

Tú te consumías.
Todo lo que habías hecho en tu vida,
Todo por lo que habías luchado y creído
Se había esfumado.
Ya no eras la princesa.
Ya no había príncipe.

Te ahogabas. Te ahogaba.
Sentías una mano invisible agarrando tu cuello.
Tratabas de tomar aliento.
Pero no podías.

Tu corona se había caído.
La



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