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jueves, 12 de diciembre de 2013

Que la piel no abriga, dicen.

Acabo de volver del lugar en que me hiciste tuya por vez primera. No por nada, por ver si encontraba algún pedacito de los que aquella noche me robaste. Pero no quedaba nada. Te lo llevaste todo y allí solo estaba la ausencia. La que últimamente me persigue por todas partes. 

Por favor, devuélveme lo que aquella noche te llevaste. Que los arañazos aún escuecen y las tiritas del tiempo no funcionan.
Que ahora siempre es invierno, que se me ha congelado el corazón y te juro que ya hace días que no late. Quizás sea desde que ya no te dedicas a darle cuerda con tus palabras. Que el frío se ha instalado en mi cuerpo y que las lágrimas me cortan un poco más porque sólo son hielo. Que el calor de tu verano se ha ido con tu cuerpo y que el mío solo pide clemencia.
 
Que la piel no abriga, dicen, eso es porque nunca han estado dentro de la tuya.
Y me acuerdo de aquella noche que ahora son tres estrellas en tu cuerpo. 
Y ahí estabas tu... Y yo, contigo dentro.



jueves, 26 de septiembre de 2013

I will always want you.

Los dos sabíamos que este momento llegaría, nos encontramos frente a frente sin nada que decir. Creo que es la primera vez desde que nos conocemos que realmente no sé qué decir, qué esperar o qué pensar.
Te sientas en la silla del escritorio y yo en la cama, guardamos las distancias. Comienzas a hablarme de cosas que no banales: algo de una nueva línea de tranvía (?) en Alicante, del buen tiempo y de tus intentos de sacarte el carnet.
No es lo que quiero oír y tampoco creo que sea lo que quieres contarme. Estamos aquí para cerrar un capítulo porque sino recuerdo mal, nuestra última despedida fue aún con un beso en los labios.
Hablamos tantas veces del final, lo buscamos tantísimo tiempo que cuando realmente llegó nos negamos a verlo. De todas formas, ¿qué esperábamos de una relación como la nuestra? ¿Realmente podía cumplirse ese "siempre a ti, solo a ti" si lo único que hacíamos era destrozar todo lo que éramos?
Mientras yo pienso todo esto tu sigues hablando, me hablas de tus amigos de siempre y de algunos que no me suenan. Te pido que te sientes a mi lado. Me siento incómoda jugando a lo que nunca hemos sido. Accedes y te sientas en la cama, tan lejos como el espacio te deja.
Has dejado de hablar y estamos así un rato, mirando a la nada. No sé quién ha empezado a llorar antes pero los dos tenemos los ojos desbordados. Mierda. Cae un muro.
- Mamá, ¡que te he dicho que no vuelvas a hablarme de él! Que NO quiero volver a saber nada. Yo necesito a una persona que esté a mi lado en todo momento, no que en el peor de todos coja y me suelte que no puede más. Y encima que lo haga por teléfono. Después de todo, con una puta llamada de teléfono.
- Pero Maika, todas las personas cometemos errores y no creo que él quisiera herirte.
- ¡Que te calles! Que no quiero saber nada más. Que hemos hablado esto mil veces durante el verano y que ya no me importa.
Vuelvo a la realidad, ahí estamos los dos después de no sé ni cuántos meses (seguramente si se lo preguntara a él sabría decírmelo con exactitud) tan cerca y tan lejos a la vez. Siento como la ira sube por mi garganta en forma de llanto. Respiro con dificultad. No puedo más.
Vuelvo a preguntarle como tantas veces antes:
- ¿Por qué?
- Maika, te lo he explicado mil veces. Yo solo te hacía daño, era lo mejor para ti. Yo no podía más y tú tampoco.
- ¿Lo mejor para mi? ¿Acaso alguien me preguntó? Lo mejor era dejarme en medio de una depresión, estando yo en Tudela y tú en Madrid con los exámenes finales a la vuelta de la esquina y teniendo todo el panorama que tenía en casa. Claro que sí, lo mejor. ¿Lo mejor para quién? Tú sólo dijiste que querías recuperar tu vida. Y ahora dime, ¿la has recuperado?
- Bueno, yo... He estado trabajando prácticamente todo el verano.
- ¡Vaya vida la que has recuperado!
- También he vuelto a quedar con mis amigos...
- Ya, ya he visto...
Mierda. Esto no tiene sentido. Abrázame y calla. No quiero discutir más.
Más silencio. ¡Joder! ¿Esto era lo que íbamos a hacer? Me rindo lo suficiente como para apoyar mi cabeza en su hombro. Me acaricia el pelo. Cae otro muro.

- La besé.
- ¡¿Que la besaste?!
- Sí, espera, lo siento. No significó nada.
Recojo mi ropa todo lo rápido que puedo. Me visto y salgo de su piso tan deprisa como puedo. Le oigo gritar algo a mi espalda, le oigo, no le escucho. Estoy tan enfadada y el corazón me late tan fuerte que no soy capaz ni de oírle. Salgo a la calle. Hace frío y tengo que correr si quiero que no me alcance. Corro. Corro tan deprisa como puedo. En mi carrera a punto estoy de tragarme a más de uno. No puedo pensar, las lágrimas a penas me dejan ver.
Llego a casa. Llaman al timbre. Los minutos siguientes son confusos. No sé qué pasó. Sólo me recuerdo llorando y llorando. Lloré durante horas. Ahí estaba, mi primer ataque de ansiedad. Temblaba, temblaba muchísimo y el mundo me daba vueltas. Me abrazaba a mi misma y me balanceaba mientras me oía soltar pequeños llantos. Él lloraba también, me hablaba pero no le escuchaba, me pedía calma pero era demasiado. Me abrazaba tratando de tranquilizarme. Recuerdo que pasamos prácticamente toda la tarde así.

Lloramos, en distinta cama, en distinta habitación pero lloramos por lo mismo. Por cómo dejamos pasar la vida. Por cómo dejamos pasar la oportunidad y el amor. Ese amor del que ya a penas quedan las cenizas, si es que queda algo. Pero por un momento es como si nada hubiera pasado y mi lugar siempre hubiera estado ahí, encima de tu hombro y con tus caricias en mi pelo.

Por sólo un momento se olvidan los malos momentos y solo se quedan los buenos. Te recuerdo haciendo playback delante del espejo, bailando y cantando a un peine. Yo mientras tanto trato de maquillarme lo que me resulta un tanto difícil teniendo que contener la risa en todo momento. Recuerdo también en las fotos que nos hicimos después o la noche en que conocí a tus padres. En cómo nos equivocamos de puerta de salida del metro y cómo me quería morir en esos momentos. Al final, no fue tan incómodo como pensé que sería, tú tenías mi mano bien agarrada debajo del mantel y me diste de comer de tu postre. Nunca pensé que harías eso delante de tus padres ni que me besaras con tanta naturalidad.
También recuerdo las primeras noches, el cómo cocinabas para mí en esa cocina en la que nunca más volveremos a estar. Siempre te veré quemándote con el horno o cantando la oreja de van gogh mientras friegas y yo te abrazo por detrás.

Vuelvo a mi habitación, ¿qué estarás pensando tú mientras yo pienso en todo esto? ¿Te sentirás incómodo y querrás irte de aquí? No lo sé. Pero para cuando me quiero dar cuenta ya te has ido.

Ya ni siquiera estoy en Madrid, han pasado más de quince días desde entonces y me encuentro con la necesidad de escribir esto sin saber muy bien el por qué. Creo que es porque en todo este tiempo no he tenido capacidad para ver las cosas con claridad o plantearme qué es lo que dejábamos atrás o en lo que nos equivocamos. Hoy soy consciente de que ninguno de los dos cumplirá las promesas que alguna vez hizo. No me duele aceptarlo, bueno, quizás un poco sí, pero en el fondo.

Cuándo te fuiste, te fuiste en busca de algo. De algo que yo no te daba y que te hacía sentir en falta de. Hoy, no sé ni cuántos meses después, te puedo decir que realmente espero que sea lo que sea lo encuentres. Que espero que todo lo que has deseado  para tu vidase cumpla y que aún sea mejor que en tus expectativas y que haya mucho más  y mejor. Que seas feliz dónde quiera que estés y que quiero que sepas también que nada cambiará eso. Que deseo que lo encuentres.


miércoles, 25 de septiembre de 2013

miércoles, 2 de enero de 2013

S.

El tiempo se ha tomado su tiempo para olvidarte. Esto es una reconciliación que suena a despedida. Es la última vez que te escribo, aunque eso es lo que digo siempre que te escribo.
He de confesarte que he dejado de pensar en ti como lo hacía antes. Como tú mismo me afirmaste:'' pasará el tiempo y al principio la pérdida dolerá tanto que me tendrás en tu cabeza día y noche; las semanas pasarán y tus pensamientos se dirigirán a mí una vez al día; pasarán los meses y solo me recordarás una vez a la semana pero cuándo pasen los años serás capaz de recordarme únicamente de cuándo en cuándo''. El tiempo, la distancia y la indiferencia han hecho bien su papel.
He de confesarte también que las pocas veces que te dejo asomarte por mi mente tengo que hacer un gran esfuerzo para acordarme solamente de los buenos momentos. No pienso que seas malo, tampoco pienso que yo lo sea. Fueron las circunstancia, fueron los años y fue sobretodo la inmadurez de los dos. Fue tu carácter o fue el mío. Sea como fuere, me libero. Hoy me libero de todos los errores y del miedo, del miedo que te tenía. Te libero a ti también, tanto si  te importa como si no.
Hoy quiero recordarte como aquel chico que conocí hace ahora ya cinco años. Esa persona que apareció en mi vida como un ángel sin alas a romperme los esquemas y revolver todas mis ideas. Recuerdo con especial cariño las ganas que tenías de cambiar el mundo, esas esperanzas en un mundo mejor que espero que la realidad no te haya quitado aún. Me gustaba escucharte, planteabas cosas que yo nunca me habría planteado y era ahí dónde notaba que tenías algún año más que yo. (Siempre elegí la pastilla roja y creo que aún hoy seguiría eligiéndola.) Tenías un punto de locura contagiosa, recuerdo la primera noche y el correr feliz mojándonos en los aspersores, sigue siendo uno de los grandes momentos de mi vida. La noche en que te marcaste mi inicial con un hierro candente en el brazo, la verdad es que pensé que habías perdido la cabeza pero sigue siendo lo más loco y romántico que alguien ha hecho por mí. Esos tatuajes que representaban tan bien los dos años que pasamos juntos aunque creo que ahora habrás cambiado su significación.
Vivimos cosas que no se viven al lado de cualquiera. Ese medio día, tú tirado en el suelo de la acera en pijama llorando como pocas veces te ví llorar, la rabia me corría por las venas. Esa tarde en el hospital o esa otra de Noviembre en la que en medio de tantas personas solo buscaba tu cara y cuándo la ví corrí hacia allí y tú me abrazaste y recé para que todo hubiera sido un mal sueño pero que resultó ser muy real.
Esa noche de carnaval en que todo mi mundo acabó de venirse abajo, que tu corriste en mi auxilio y me llevaste contigo. Esa noche en que me demostraste que el amor sí extistía.
Te quiero recordar así. Como una parte de mi vida, la parte de mi vida en que cambié de niña a mujer. Me salvaste de muchas caidas pero juntos caimos en otras tantas. Hoy me alegra saber que los dos nos hemos levantado y sé que para hacerlo cada uno debía tomar su propio camino. Hoy puedo decirte que soy muy feliz y que nunca necesité leerme ninguno de los libros que me regalaste, me bastó con leer la dedicatoria alguna vez para que me recordaras que sería ''algo grande en la vida'' y que ''nunca debía tachar mi sonrisa''.
Podría decirte que quizás alguna vez, cuándo cada uno esté en su camino definitivo, cuándo hayamos descubierto el para qué hemos venido aquí podríamos tomar un café y contárnoslo. Reírnos de los errores que cometimos y desearnos la felicidad que cada uno merece. Pero sé que eso no pasará así que te escribo con la esperanza de que algún día leas esto y recuerdes solo y exclusivamente lo bueno, porque tú y yo nos quisimos, y mucho.
Es por eso que te deseo toda la paz, la felicidad y el amor que pueda ofrecerte la vida. Te deseo que seas capaz de conseguir todos tus propósitos y alcances tus metas. Que la vida te devuelva todo lo bueno que alguna vez diste. Te deseo prosperidad y que en un futuro crees la familia que tanto has deseado siempre.
Te prometí que te querría siempre y aunque ahora el sentido de ese te quiero haya cambiado siempre te tendré un cariño especial. Sé feliz y hasta siempre.

martes, 1 de enero de 2013

Estaba acostumbrada a escribir únicamente cuando las cosas iban mal, cuando necesitaba alguien con quién compartir mis penas. Gracias, mi amor por llegar a mi.
Por hacerme sentir esto que me haces sentir. A cambio te prometo atesorar cada uno de los momentos que estemos juntos y quererte hasta el final de mis días.
La vida es más fácil desde que tu estás aquí. Y si te vas, todo lo que soy pierde vida.