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lunes, 18 de junio de 2012

Endless.

Que cuando hablo de ti, hablo de las noches sin dormir. También hablo de los días atrincherados en tu cama. A veces hablo de cuando jugamos como dos niños pequeños. Nunca me olvido de los besos esparcidos por el suelo.
Me acuerdo de cada una de las cosas dichas en susurros, de las prisas, de la ropa tirada en el parquet, de tu mirada de despreocupación, de los relojes volando de un manotazo, de esa sonrisa tonta que se te pone cuando te digo esas ocho letras. Hablo de la sonrisa tonta que se me pone a mi cuando hablo de ti. Cuando hablo de ti hablo de la impotencia. Hablo del olvido.

Efímero.

El viernes un joven de sólo dieciseis años perdió la vida en un accidente de tráfico. Él iba a en bicicleta a esto de las once de la noche con dos amigos. Un coche no les vió y se los llevó por delante. Dicho esto ¿qué es la vida? ¿Cuán frágil es? Cuándo somos jóvenes no nos planteamos estas cosas. Nos queda toda la vida por delante. Somos indestructibles, somos inmortales, el momento no es ahora. Pero eso nunca se sabe, la muerte no avisa. ¿Quién le iba a decir a ese chico cuándo salió de su casa que ya nunca volveria? Esta claro que nadie y si se lo hubieran dicho tampoco les habria creído. Con esto lo que quiero decir es que vivimos como si tuvieramos toda la vida por delante. Malgastamos los días entre lametos y males menores.

martes, 21 de febrero de 2012

Recordando.


Cuando hablo de esos días, hablo de un lugar, de unas gentes y de unos olores concretos. Mis recuerdos de aquellos tiempos son más de sensaciones que de hechos concretos.
Me acuedo de ese pasillo de rosales en los que echábamos carreras los entonces tres primos. Ese tractor de juguete rojo por el que nos peleábamos y el cómo nos empujábamos unos a otros cuándo íbamos en él. También recuerdo cómo a veces lanzada demasiada fuerza y acababa comiéndome los pinchos y con mil arañazos.
Los domingos eran días grandes y llenos de risas, en los que nos bañábamos todos juntos en esa ya vieja piscina y luego preparábamos asado para comer. Recuerdo dónde estaba la barbacoa, debajo de ese enorme pino que hace años que cortamos. ¡Cómo lloré cuándo lo ví! Me senté sobre él y me ví montando por primera vez en bicicleta. Pensé en él en cómo se veía tan grande, tan fuerte, tan alto pasando a ser nada más que un tronco cortado.
Los bailes en la terraza por las noches, como si todos los días fueran días de fiesta y nos encontrásemos en uno de esos espectáculos que dan los hoteles por las noches para entretener a los turistas.
También jugábamos al escondite y mis primos tenian que ayudarme a subir a las ventanas. Esas que eran de piedra y me raspaban las rodillas tanto cuando subía como cuando bajaba. Siempre fuí demasiado torpe.
Allí aprendí a valorar a mi familia, a quererla y respetarla por encima de todas las cosas. Allí crecí y fuí muy feliz. Los momentos más bonitos de mi niñez residen en ese chalet, en ese pueblo, en esa casa, en esos jardines.
Mi abuela siempre me pregunta por qué adoro tanto ese lugar, por qué de todas las cosas que me podría dejar es esa la que quiero. Supongo que es mi manera de salvaguardar todos esos recuerdos y la esperanza de seguir creando mas. Tal vez no con las mismas personas porque algunas ya no están, pero quiero que si alguna vez tengo hijos que ellos vivan lo mismo que yo viví y que lo vivan allí.

sábado, 11 de febrero de 2012

Que lo sepa todo mundo.


Estoy enamorada del chico con sonrisa de niño, el de los ojos profundos y claros.
El que se levanta por las mañanas aún estando cayéndose de sueño para prepararme tortitas para desayunar. El que me compra patatas fritas para estudiar y luego se dedica a motivarme recordándome que soy capaz.
Estoy enamorada del chico que me abraza mientras vemos una película y me dice que me quiere justo en el momento oportuno.
Amo cuando me mira a los ojos y simplemente me dice ¡joder, eres preciosa!
Me gusta cuando habla en sueños y pronuncia mi nombre o cuando me llega un mensaje a los cinco minutos de habernos despedido diciéndome que ya me echa de menos.
Adoro la manera en que canta despreocupadamente mientras friega los platos de la cena, y la manera en la que me hace unirme y acabamos los dos chillando llenos de felicidad la canción más triste.
La verdad esque creo que no hay nada que no ame de él.
Y tampoco tengo ninguna duda de que será solo él, siempre él.

domingo, 15 de enero de 2012

Y, ¿qué pasa...?


Y ¿qué pasa si te quiero? Y, ¿si estás en mi cabeza todo el tiempo? Y, ¿Si has hecho realidad todos mis sueños y eres muchísimo más que todo lo que podía imaginar? Y, ¿qué pasa si no puedo ya vivir sin ti? Y, ¿qué pasa si atesoro cada segundo juntos dentro de mi? Y, ¿qué pasa si sería capaz de dar todo lo que tengo un por sólo una mirada tuya? Y, ¿qué pasa si resulta que te amo?