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martes, 12 de julio de 2011


Eran las seis de la tarde y mi velada de sol habia sido interrumpida. El sol se había visto eclipsado por las nubes y el viento. Algo así había pasado con mis sentimientos. Una tormenta se despertó y arrasó con todo lo que tenía ya construido.
Me encontraba tirada en la cama compadeciéndome de mi misma, entonces no se me ocurrió nada más inteligente que ponerme a beber algo de ron que me habia sobrado de mi última fiesta. Bebía a la misma velocidad que la autocompasión se hacia dueña de mi cabeza.
Dieron las siete. La cabeza me daba vueltas y otra fugaz idea me hizo vestirme y salir a la calle. El tiempo seguía siendo turbio pero el alcohol habia conseguido adormecer mis sentidos. De nuevo algo me hizo dirigirme al centro, allí me ví tentada a entrar en las tiendas que desplegaban sus carteles de rebajas. Empecé a probarme ropa. Salí de allí un con pintalabios naranja, dos pantalones cortos y un vestido demasiado corto.
Para cuando regresé a casa por fin comenzó a llover. Eran más de las nueve pero a diferencia de cuando habia salido de casa ya no tenia hambre. Asique no sé si a causa de mi melopea o de mi locura habitual me salí al jardín. Me quedé ahí, sentada bajo la lluvia, dejando que las gotas me empapasen. Y pensé. Basta. Ya valía. Toda mi tarde habia supuesto una lucha contra el salir corriendo. El salir a por él. Seguía centrando mi vida en su persona. Me sentía desgraciada solo por no tenerlo a mi lado. Pero... quizá, y solo quizá fuese alreves. ¿Y si era más afortunada como estaba? ¿Y si en vez de emborracharme y salir de compras habria ido a verle? Entonces, ¿las cosas serian peor de lo que eran ahora? Y entonces lo entendí. Si.

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